La resistencia espiritual

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

El cuerpo humano está constituido por una serie de sistemas, órganos y células que en efecto son muy complejos para la ciencia. De ahí que, no ha sido posible que el hombre pueda resolver todas las crisis que se dan en el cuerpo.

El cuerpo físico llega un momento en que muere, determinado por la muertes de sus componentes. Sin embargo, debe existir algo más allá de las células, órganos y sistemas; es decir, algo que no sea materia.

Desde el principio del hombre, los que creemos en Dios, hemos aceptado, que Dios nos dio el espíritu, cuando él sopló aliento de vida al cuerpo que había creado, tal como escribió Moisés: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” Gén. 2:7.

Cuando Dios habló a Adán sobre la muerte, si comía del fruto prohibido, se refirió a la separación del cuerpo y del espíritu, por eso, el rey Salomón escribió: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” Ecl. 12:7. Este es el correcto sentido del que el apóstol Santiago, escribió: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” Stgo. 2:26.

El ser humano está formado por dos partes: cuerpo y espíritu. Sin embargo, la ciencia se ha dedicado a estudiar el cuerpo, y a solucionar situaciones de éste, pero el espíritu es ignorado. De ahí el fundamento del cristianismo, en buscar soluciones a ambas partes, las cuales constituyen al ser humano. Jesucristo dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” Mt. 10:28.

La resistencia espiritual, es entonces el ocuparse del espíritu para mantenerlo alejado de aquellas cosas que le afectan negativamente. Por complejidad del lenguaje, estoy utilizando alma y espíritu como sinónimos. El apóstol Pedro escribió: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” I Ped. 2:11.

La resistencia implica oponerse a los deseos que doblegan nuestra voluntad, es decir, esos deseos que sabemos que van contra la moral, las leyes y sobre todo contrarios a la palabra de Dios. Hay que formarse en valores morales y principios cristianos para poder ser un ente con dominio propio, capaz de negarse a sí mismo, para mantener una posición moral y espiritual adecuada ante el hombre y ante Dios.

No puede haber resistencia, si no existe un patrón a seguir, por eso, el mundo está en una situación antagónica a la dignidad humana, pues se ha dejado a un lado el formato de los valores para seguir un conjunto de derechos individuales, los cuales entran en conflicto contra la moralidad y la conciencia cristiana. Este cambio, de las últimas décadas, está llevando a la humanidad a un genocidio de los valores individuales, familiares y sociales.

El intelectualismo versus el analfabetismo ha conducido a la humanidad al fracaso. Por un lado, los deseos incontrolables del primero sobre el segundo, ha hecho que muchos intelectuales, utilicen sus conocimientos para liberar a una sociedad enquistada en el analfabetismo, sin embargo, se han llevado por delante los valores que permitían la coercibilidad social, dejando huérfana a las sociedades, de lo que antes era fundamental en ellas.

Los vicios son productos de los deseos desordenados, pero éstos han surgido con tantas fuerzas, porque quienes lo impedían (moral y cristianismo), han sido rechazados por la mayoría, en estas últimas décadas. La resistencia espiritual, ha desaparecido, y ha dado paso a un desenfreno del placer, de las riquezas, del poder y de las vanidades. Salomón escribió: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” Prov. 14:12.

La resistencia espiritual es entonces, la mejor forma de enderezar al hombre y a la sociedad. Se necesita urgentemente que el mundo cambie su rumbo, para evitar el fracaso. Esto se puede lograr definiendo la moral que deseamos y aceptando los principios del cristianismo. Es impostergable, que el cuerpo y el espíritu anden juntos, pero en valores, de lo contrario, el hombre está muerto espiritualmente.

Por eso Jesucristo dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” Jn. 5:24.

jpm

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