La nueva embajadora del Imperio

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Nueva York.

Al igual que hice con el nefasto Wally Brewster y su consorte, saludo el nombramiento de la señora Robin Berstein como nueva representante de USA en nuestro país. Ya era tiempo de que se validara la solicitud que hizo en enero, el presidente Trump al Senado estadounidense. Y yo, desde luego, espero no tener que lamentar de nuevo mi entusiasmo con este otro nombramiento. 

Porque es importante para el país que se defina la situación del mando en la misión extranjera, por la influencia que tiene en los poderes fácticos nuestros; pero mas aun, porque en ausencia de la titular, las decisiones están en manos de Robert Copley, el Encargado de Negocios. Lo que no resulta negativo de por sí, pero, debe saberse que este experimentado negociador es una figura de la diplomacia tradicional americana, que tanto nos ha afectado en el pasado inmediato. 

En ningún caso ha de suponerse que, ni el uno ni la otra, puedan actuar con absoluta independencia. Esas cosas no suceden en los países reales, donde las instituciones funcionan. Pero dado el caso de la singularidad del ascenso de Donald Trump, se prevé -y ya se conocen- ciertos niveles de discordancia entre los propósitos de la Casa Blanca de hoy y las normas tradicionales del establishment americano de siempre. 

Por ese pequeño margen de desavenencia entre lo que cree y promueve el presidente Trump y las orientaciones -todavía parcialmente en efecto- que le imprimieran Barack Obama y Hilary Clinton al servicio exterior, es que se considera de importancia, la presencia de Ms. Berstein en la oficina diplomática estadounidense de Santo Domingo. 

Ahora, lo mas importante para nosotros es establecer cuáles pudieran ser las instrucciones que trae la nueva embajadora. De modo que su tarjeta de presentación, se da por descontado que no será aquella que ilustraba “las locas en la piscina” en la sede de la residencia diplomática. 

Suponemos que su esposo no la acompañará permanentemente en sus actividades públicas, debido a sus ocupaciones particulares; y que la insultante imagen de los dos embajadores anteriores, dándoles charlas a nuestros niños sobre la “pertinencia y conveniencia” de que construyan, con el ejemplo de vida de ellos mismos, su identidad sexual, ya será asunto del pasado. 

Pero probablemente, como ya no estará la bandera del arcoíris junto a la de las barras y las estrellas, promoviendo esa odiosa agenda neoliberal de los Obama y los Clinton, tampoco estaremos sometidos a la embestida de los grupos de asalariados que plantean un nuevo orden social, basado en la modificación de nuestra cultura y su adaptación a los intereses foráneos de control de la natalidad, desincentivando -con la homosexualidad- la relación natural del hombre y la mujer. 

Sin embargo, hay aspectos del accionar de la Embajada que, aunque no estamos seguros de que se mantendrán, tampoco podemos descartarlos. Me refiero a la intromisión en los asuntos institucionales propios del Estado dominicano; práctica ésta que, a fuerza de repetición, se ha hecho normal y cotidiana para nuestros gobernantes. 

Figuramos que el indecente titular aquel de los periódicos nacionales, que decía: “Procurador despacha con el Embajador durante cuatro horas”, no se volverá a repetir. No porque ya no está Obama en la Sala Oval de Washington sino, porque algo de vergüenza debe haber ganado el Gobierno dominicano, cuando se aventuró a contrariar -con legítimo derecho, pero con gran falta de prudencia- las políticas del presidente Trump respecto a China y Taiwan.  

Ojalá que esos aires levantiscos manifestados en el manejo de la política exterior, sean señales de independencia real y no de las “truchimanerías” políticas a las que el equipo de propaganda del Gobierno actual nos tiene acostumbrados. Ya les he señalado en artículos anteriores, que dichos cambios pretenden lograr algún posicionamiento interno en el partido de gobierno, ante la ya inminente oposición de los jefes del Norte a la reelección de Medina. 

Otra arista de este sinuoso poliedro que es la relación dominicana con los americanos, lo constituye, la actitud del Norte ante el mayor problema que confrontamos los dominicanos al día de hoy. Me refiero a la invasión que nos llega desde el vecino y sufrido Haití; silente, constante y aún pacífica. Pero extremadamente peligrosa y altamente costosa para el modesto presupuesto nuestro. 

Por no tener suficientemente claro el papel que jugará la enviada de Trump ante el tema dominico-haitiano, es que muestro las reservas que ustedes de seguro ya han percibido en estas cuartillas. Esperaré a que ella muestre su disposición en torno al espíritu de la sentencia TC168-13, para entonces testimoniar mi completa solidaridad a esta judía de origen ruso, que dice sentirse agradecida de la hospitalidad que les hemos dispensado los dominicanos a los descendientes de David. 

De cualquier manera, es esperanzador saber que “algunas cositas” ya están cambiando y que el presupuesto de USAID para mantener a los viejos traidores públicos, en acción contra la dominicanidad, ha sido reducido en gran parte.   

¡Vivimos, seguiremos disparando!

of-am

  

 

 

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