La igualdad de Género: objetivo a alcanzar

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La autora es educadora. Reside en Santo Domingo.

 

POR CELESTE AQUINO GUERRERO

            Terminada mi jornada de docencia en la universidad en que laboro y siguiendo la costumbre  de visitar las librerías llegó a mis manos una obra escrita por Rita Levi Montalcini titulada “Tiempo de revisión: Un análisis para el nuevo siglo” Y, precisamente, como vivimos en una constante revisión de nuestras prácticas para ofrecerle un mejor servicio a nuestra sociedad, me incliné curiosamente por su lectura.

Dicha obra se fundamenta  en trazar las pautas para lograr los ocho Objetivos del Desarrollo del  Milenio. (ODM) El plazo para lograrlo era hasta el 2015. De manera, que dada la proximidad de la celebración del Día Internacional de la mujer, el 8 de marzo, me incliné por el Objetivo referente a  La Igualdad de Género.

            La autora inicia con estas palabras: “Han transcurrido sesenta años desde  que los fundadores de las Naciones Unidas grabaran en la primera página de la Declaración la igualdad de derechos para hombres y mujeres. Desde ese día ha quedado demostrado que ningún instrumento para el desarrollo  es más eficaz que la autonomía de la mujer.

Pues ninguna acción política tiene tantas posibilidades de incrementar la productividad económica,  de reducir los índices de mortalidad materna infantil, de prevenir los conflictos o evitarlos. Pero independientemente de los beneficios que aporten esas contribuciones, las mujeres en sí mismas tienen el derecho de vivir con dignidad, de verse libre de las privaciones y del miedo”.

            A pesar de que un número creciente de mujeres se ha introducido a todos los niveles en el mundo del trabajo, todavía debemos luchar contra las muchas formas de discriminación, tanto en la vida política, social  y familiar.

Así,  en las comunidades rurales, en los países que tienen economías de bajo rendimiento, las mujeres son responsables entre un 60% y 80% de la producción alimentaria; sin embargo, no pueden adquirir esas tierras que ellas trabajan sin la autorización de sus maridos.

            En consecuencia, tal como lo ha señalado el Banco Mundial, la desigualdad entre sexos anula la eficacia de las políticas de desarrollo. Por lo tanto, a causa de la desigualdad en los derechos económicos, millones de mujeres no pueden desarrollar su calidad de vida ni la de sus hijos, pues el acceso de las mujeres es fundamental para que sus familias emerjan por encima del umbral de la pobreza.

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Por lo tanto, la eficacia de la educación femenina es de extrema relevancia para reducir la pobreza, así como para promover la igualdad y el desarrollo. Por eso es  necesario crear instituciones y sistemas sociales de apoyo que ofrezcan a las mujeres mayores oportunidades y libre acceso a los recursos para que puedan tomar  las decisiones determinantes para su propia existencia.

Pues tal como afirmaba Jonathan Sacks, la educación es de vital importancia para la dignidad humana porque sienta las bases de una sociedad libre. “El acceso al conocimiento es una condición necesaria para el acceso al poder y también es la clave para la creatividad, uno de los factores más importantes en cualquier grupo socioeconómico, fundamental para que exista prosperidad en el siglo XXI”.

            Por consiguiente, actualmente se reconoce a nivel internacional que la igualdad de género es una pieza clave para el desarrollo sostenible, ya que las relaciones entre las mujeres y los hombres desempeñan un papel importante en la creación de los valores, las normas y las prácticas culturales  de una sociedad.

De manera que para que nuestro país experimente un gran crecimiento económico necesitamos que tanto el hombre como la mejer se integren en el mercado laboral.

JPM

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