El lado bueno del crecimiento

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El AUTOR es empresario turístico. Reside en Santo Domingo.
Leyendo el artículo del economista Daris Javier Cuevas (“Crecimiento y desempleo”– Listín Diario, 5/4/18) noto que…”el crecimiento económico no es sinónimo de mitigar la pobreza, pero tampoco del bienestar individual”. Para mi es todo lo contrario, independientemente de las pasadas, presentes o futuras alzas y bajas del PIB “donde haya un país en el mundo”, recordando a Pedro Mir. Una cosa es la estrecha relación que pudiera existir entre la política y la economía (donde se ve de todo); y otra cosa la voluntad política para combatir la desigualdad (desempleo y pobreza) con la riqueza que generan las economías de las naciones. Aclarado el caso sigo mi camino.
La criminalidad económica es aquella riqueza que tiene su origen en el narcotráfico, lavado de activos, contrabando, etc., para solo mencionar algunos casos. Si a ese tipo de criminalidad sumamos la industria del fraude (corrupción, evasión fiscal, “elecciones”, etc.), las falsificaciones, las grandes corporaciones y los 120  o 130 paraísos fiscales dispersos por todo el mundo la cuenta de los recursos invertidos se duplica o triplica por sus dimensiones. Según la ONU el conjunto de esos mercados absorbe el 5% del producto interno bruto (PIB) mundial.
Hay aspectos circunstanciales como crisis mundiales, financieras, desastres naturales, etc., que al igual que la criminalidad económica y lo que dice la ONU asestan un duro golpe al crecimiento económico y la desigualdad social. Sin embargo ante cualquier eventualidad o adversidad el “factor supervivencia” alimenta el crecimiento dentro del cual navega la desigualdad.
En este punto hay que detenerse para diferenciar aquellos que confunden el crecimiento económico con el desarrollo económico (incluyendo los organismos internacionales) obviando la desigualdad a la hora de explicar el atraso o avance de los pueblos.
En este caso el único objetivo consiste en combatir la desigualdad dentro del crecimiento como antesala del desarrollo económico. Esto se logra en base a la productividad. De haber otra salida que no sea esa es bueno saber cual sería. Mientras tanto el sector privado (formal e informal) y la ciudadanía conforman el principal enclave de generación de riqueza de las naciones.
Contrario a esto sería cualquier sistema de gobierno que junto con la ciudadanía trate de desarrollar un tipo de riqueza distinta a la que se ubica en el PIB. De ser así es bueno saber cual tipo de riqueza pública sería, que no sería ni una cosa ni la otra a falta de un PIB  o ADN que la certifique. O eso o nada. Por tanto hace falta el cálculo del PIB del sector público como complemento del PIB del sector privado a la hora de hablar de crecimiento y desarrollo económico.
Una vez definido el PIB del sector público es hora de que dicho sector comience a generar riqueza partiendo de sus propias entrañas que le permitan comportarse como sector económico como otro cualquiera para hacerle frente a la desigualdad, al menos que un ideal cercano a la utopía introduzca un paradigma distinto al orden natural de creación de riqueza, como por ejemplo el maná que una vez le cayó del cielo.
Puedo decir entonces, sin temor a equivocarme, que ante la falta de generación de riqueza pública no le queda otro camino al sector público que no sea recurrir al maná (impuestos directos e indirectos) que generan los sectores productivos de valor agregado junto con la ciudadanía. El segundo maná sería las donaciones y el endeudamiento público donde los principales protagonistas son los organismos internacionales de financiamiento.
Por eso la frustración de esos organismos al no encontrar la fórmula o forma de sacarle provecho al crecimiento para combatir la desigualdad por el solo hecho de negociar con en el sector público. De que le vale a esos organismos clasificar los hogares en estratos sociales a partir de determinados ingresos, solo para diferenciar la clase pobre de la clase media, si el sector público no genera riqueza para combatir la desigualdad junto con el sector privado?.
Si el factor determinante o pragmático del crecimiento es la generación de riqueza publico-privada, como debiera ser, es hora de borrar conceptos antiguos como “clase pobre”o “clase media” para no convertir las ciencias sociales en una lucha de clases, como parece ser.
La lucha contra la desigualdad impone la búsqueda de una metodología para medir el bienestar individual o colectivo que se desprende del crecimiento, cosa que debieran fomentar los organismos internacionales. Resumiendo, bastaría la unión del PIB del sector público y el PIB del sector privado para reducir la pobreza en función del aumento del empleo consecuencia de la riqueza inherente al crecimiento, independientemente de las alzas y bajas del PIB.
La metodología para medir el bienestar depende en gran medida del pacto por la productividad entre el sector público y el sector privado, algo indispensable para combatir la desigualdad que se ubica entre el crecimiento y el desarrollo económico (Ref./Google: “PIB 2.0 – Pacto por la productividad” y “Teoría de la Desigualdad”, entre otros).
Son muchos los que satanizan y muchos los que glorifican el crecimiento económico sin ningún punto de referencia que avale el resultado de los planteamientos. En este caso la desigualdad es el punto de referencia, tal y como explico en la Teoría de la Desigualdad. Es un fallo no detenerse a pensar en la manera de como sacar el mayor provecho al crecimiento o generación de riqueza de cualquier nación con tal de reducir o eliminar la desigualdad.
Bajo ninguna circunstancia el crecimiento económico es responsable de la desigualdad, todo lo contrario, es el punto de partida para eliminar el desempleo y la pobreza en términos absolutos. Se trata de un tema que merece la mayor atención de parte de los estados, el sector privado y los organismos internacionales para contribuir con el desarrollo económico de los pueblos afectados por la desigualdad.
Hay que decir que el crecimiento económico no es culpable de la desigualdad. El equilibrio macroeconómico tampoco debe tomar como punta de lanza el crecimiento a la hora de abordar el tema de la desigualdad por el hecho de no atacarla desde su propia raíz como lo hace la Teoría de la Desigualdad. Lo contrario sería más de lo mismo.
Por tanto no se pueden confundir los términos a la hora de colocar cualquier variable o indicador por encima del crecimiento. Tampoco se llegaría muy lejos si no se erradica la corrupción pública (el más descarado subtipo de criminalidad económica) pues quienes la practican siempre engañan a los que les dan de comer: el sector privado y la ciudadanía.
Precisamente, a falta de riqueza pública son el sector privado y la ciudadanía quienes pagan los platos rotos del endeudamiento externo e interno, cosa que no parece importarle a los organismos internacionales de financiamiento a la hora de negociar con el sector pública.
JPM
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