Consejo para ayudar a mejorar la sociedad

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El autor es Obispo Emérito de la  Iglesia Episcopal/Anglicana. Reside en Santo Domingo

Las Santas Escrituras ofrecen el siguiente consejo fundamental: “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo, más en la multitud de los consejeros hay seguridad”. (Proverbios 11:14). Esto se hace para contribuir con la transformación individual y colectiva a fin de incentivar la ponderación y ofrecer orientación a mentes y corazones del pueblo, especialmente a los que tienen responsabilidad gubernamental,  dirigentes de empresas, comunicadores, líderes de instituciones eclesiales, y ejecutivos de organizaciones de programas de benevolencia.

Es bueno y recomendable hacer todo lo posible para ayudar a mejorar y traer bienestar a la sociedad.  Para hacer esto, son necesarios los aportes de personas de vocación y buena voluntad,  de grupos solidarios con disposición de cooperar para implementar acciones positivas,  de comunidades religiosas que alienten  los corazones quebrantados para así ayudar a rehabilitar la esperanza del conglomerado que está trastornado  y  anhela disfrutar de satisfacción material, seguridad social, serenidad espiritual,  y estabilidad emocional.

Gran  parte del pueblo está en continuo estado de incertidumbre,  inseguridad, carente de los medios para proveer el necesario costo de la canasta familiar,  siendo dudosa la esperanza de seguridad en el futuro.   

En algunos segmentos  de la población, hay hechos que irritan la sensibilidad de los ciudadanos.  Son muchos los casos de discordia y brutalidad familiar,  grosería e incorrecta acción de agentes del orden público, corrupción y podredumbre en grupos del Estado, y abundan los malestares por los   infaustos manejos de la justicia.  En fin, estamos plagados de males que escandalizan y desconsuelan a gran parte del pueblo.

Para regenerar la situación  que trastorna a grandes  sectores de la ciudadanía, se deben  ofrecer  aportes  positivos para la rehabilitación social de equidad, la tranquilidad emocional,  el suministro adecuado de bienes materiales,  y la facilidad  de servicios de salud, educación,  cultura y seguridad social.  Cómo bien se sabe estos elementos son indispensables para  favorecer el clima de serenidad de los habitantes y la satisfacción de vivir en este país.

Es necesario marchar por el camino de la rectitud y la disciplina que exige el ordenamiento de la familia social. Es de lugar que cada uno de los componentes de la sociedad se esfuerce en formar mentes, sensibilizar conciencias, rectificar conductas, ser veraces y justos para ser ejemplos de virtudes y valores  que sirvan como modelos viables que ayuden al mejoramiento de la colectividad.

La renovación de la nación dominicana es posible y anhelada a todos los niveles de la sociedad.  Es prioritario tomar conciencia de la deplorable existencia en contadas esferas del país donde prevalecen elementos de debilidad espiritual, conducta desordenada, perturbaciones emocionales, dificultades familiares, confusiones ideológicas y religiosas. A estos hay que recomendar pasos de regeneración para tomar decisiones y acciones positivas, y así disipar y eliminar problemas existentes y  hacer viable lo que es favorable para la población.

Cuando el desierto tiene una extensión muy grande, un oasis es como un pozo de agua que refresca y alivia de calor. Cuando la noche es una penumbra que parece no terminar, un rayo de luz aclara la oscuridad  y disipa la tiniebla. Cuando la sociedad está plagada de males, inquina, inseguridad, carencias físicas y espirituales; los consejos son de utilidad para soslayar la situación y ofrecer ideas refrescantes, rayos de luz, e incentivos para estimular el mejoramiento hacia el bienestar social.

Los aportes para mejorar la realidad que sufre el país deben estar siempre disponibles y serán loables los refuerzos que se brindan.  Estimado lector, esta contribución puede comenzar  con usted; por tanto, se recomienda que usted de el primer paso hacia el proceso de la regeneración del país.

 

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