Santo Domingo. Rep. Dom. - 31 de Julio 2014
Opinión
5 Septiembre 2013, 08:25 AM, 0 Comentarios
Los suicidios: urgencia del momento
Por FERNANDO SIBILIO

Alarman las últimas estadísticas sobre los suicidios, más en jóvenes que en adultos, los cuales se convierten, por sí mismos, en una  severa demanda social, política y sanitaria para nuestro país. 

Sufre miedo la población ante los suicidios, homicidios y feminicidios, por lo cual desea, con ansias, volver a la disciplina y a los deberes con las normas y principios, pero las autoridades se conforman con ofertar aumentos de penas.  Les invitamos a que antes de juzgar moralmente al suicida, hagamos una evaluación ética, de que, si en la realidad tratamos a una víctima o a un verdugo. 

Abarcaríamos, de esta manera, todos los aspectos posibles de la vida de una persona, puesto que serían los criterios políticos, sociales y sanitarios de previsión de este hecho, los que nos obligarían a conocer y establecer los instrumentos, los derechos y los deberes ambientales y familiares que, fuera del suceso, nos permitirían condicionar o dirigir el carácter y la personalidad de las personas en riesgos. 

Dispone el Estado, la sociedad y la política de evidencias directas, trascendentales y congruentes sobre el suicidio en el país; dada las cifras y la variedad de los casos.  Sin embargo, que hemos hecho para la previsión y la prevención?  A fin de ponerles a salvo de su propia coacción y arbitrariedad, por medio de conciliar su corrección con su autoestima. 

Consideramos el suicidio como una demanda compleja de la política, puesto que está en riesgo la vida de un ser humano.  Es que la dignidad de la vida está por encima de cualquier derecho.  Por tanto, más que un problema científico de la conducta es un asunto de solución política.

Observemos la alegría espiritual que sentimos, cuando descubrimos nuestro propio poder para crear y trabajar en cosas útiles y novedosas, pero, si sucede lo contrario, nos deprimimos.  ¡Señores!  Es que lo contrario de la alegría es la depresión, aunque muchos piensan que es el dolor. 

Nacen esas emociones negativas que nos llevan a la depresión de los fracasos.  Con los obstáculos y las dificultades que tenemos para alcanzar nuestras metas.  Aunque, muchas veces, nuestro mayor error consiste en la ausencia de filtros para depurar y escoger las metas realizables.  Por eso es importante aprender a escoger nuestras metas, porque la presión social del ambiente y los medios de comunicación están imponiendo los modelos y las metas vitales. 

Aspiran los jóvenes en riesgo a una forma de estar en el mundo, en lugar de perseguir una forma de ser, y reducen el concepto felicidad o el éxito a la conquista de una serie de contenidos y de gustos privados.  Aquí está el conflicto, el gran dilema de la vida.  Púes desconocen que la dicha y la desdicha ocupan una porción del territorio de la vida, que la vida contiene éxito y fracasos.  Confunden el fracaso con lo irremediable y creen que la desdicha es la dueña de su vida. 

Son los reiterados fracasos los que bloquean todas sus capacidades, habilidades y oportunidades o solo obedecen al odio, al sentimiento de destructividad y se sienten con libertad para destruirse y destruir al otro.  Porque han permitido que su estado de ánimo tome el control de su vida.  Nunca piensa en las cosas buenas que le ha dado la vida. 

Tenemos que ocuparnos del suicidio como un conflicto entre la libertad y la autodeterminación de una persona que, desconoce el origen del derecho de su vida.  Ignora que su derecho a la vida es un poder adquirido en representación del poder afectivo entre otros seres, su padre y su madre.  Esta persona merece saber que tiene una dignidad para el disfrute de su vida, pero que la sociedad, el Estado y la familia están en el deber de imponerle su obligación de cuidarla. 

Tiene el Estado y la sociedad que poner la vida como un bien y una posibilidad deseada por todos.  Gastamos más de 40,000 millones de pesos en propaganda, promoción, publicidad y relaciones públicas, tanto en el Estado como el sector privado, sin que aparezca una propuesta institucional, donde se refuercen la autoestima, ese deber que tenemos con nosotros mismos de mantener en alto, nuestros sentimientos para vencer todas las dificultades. 

Pero, mucho menos, mensajes en los cuales se les devuelva a las personas con estos riesgos suicidas, el sentimiento de su propia eficacia, para encargarse de su propia vida y vencer la adversidad.

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