Santo Domingo. Rep. Dom. - 24 de Noviembre 2014
Opinión
8 Agosto 2013, 08:41 AM, Comentarios
Los templos judiciales
Por HECTOR DOTEL MATOS

La justicia conserva con la ciudad relaciones estrechamente complejas. Ella no nace de la ciudad ni en la ciudad, pero el nacimiento y evolución de las ciudades, desde las antiguas hasta las megas ciudades contemporáneas pasando por las  medievales, ha ejercido gran influencia sobre las estructuras y la función de la justicia. En sus relaciones con la ciudad, la justicia debe no solamente adaptarse en permanencia a las especificidades del contencioso urbano, sino debe también vivir en la ciudad, como un lugar social y geográficamente ubicado. Esta ósmosis de la ciudad y de la justicia se manifiesta íntegramente a través de la noción misma de las zonas de justicia.

La justicia pensada en el lugar donde se ejerce, es primero la “imagen que da la arquitectura del edificio que la acoge, le da cuerpo y  asigna una plaza” que impone a primera vista cierto perfil de la función de juzgar”.

Desde la edad media hasta el corazón del siglo XX, la evolución de la arquitectura judicial es la que va de la casa al palacio de justicia, de una justicia local,Justicia majestuosidad cuyo palacio neoclásico del siglo XIX es el punto preponderante.

Esta evolución parece marcar el desarrollo.

 Una segmentación medieval de la función jurisdiccional correspondía, al sentido de las ciudades, una afluencia de lugares de justicia, cerca de los litigantes y principalmente creadas alrededor del árbol de justicia, (olmo, ceniza o cal)  columna universal refiriéndose al cimiento del mundo, y el recinto de nochizo trazar alrededor del árbol, limpia el área de debate jurídico.

Estos elementos, en una pluralidad de glosas según las épocas, han traspasado los siglos, a pesar de que el recinto estaba rodeado por muros de piedra (pórticos de las iglesias, las puertas de la ciudad, salas de alojamiento, mercados, habitaciones de castillos...), continúan de definir el lugar del debate, llamado “parque” de donde vendrá Parquet) entarimado, fiscalía, o “barra” (de donde vendrá Barreau, la barra, tribunal, sala de audiencia de los abogados).

Nada separa entonces la casa de justicia del resto de la ciudad; la circulación es abierta entre ambas; la planta baja, hace a menudo congeniar cárceles y pequeños comercios; la planta superior, noble, da la bienvenida a la sala del tribunal; los dos niveles son combinados favorito más allá de la imagen de Dios justiciero (por ejemplo, un crucifijo) que domina el cuerpo del juez que fundó la legitimidad del poder de juzgar y muestra al mismo tiempo, su responsabilidad.

Esta concepción arquitectónica desapareció gradualmente a finales de la Edad Media hasta el corazón del siglo XX, la evolución de la arquitectura judicial es la que va desde la simple casa al palacio de justicia, de una justicia de contigüidad a una justicia de majestad cuyos palacios neoclásicos del siglo XIX serán la culminación. Este adelanto parece marcar el paso.Tras el flujo, el tiempo de reflujo puede hacerse sonar.

Esta concepción arquitectónica desaparece paso a paso a finales de la Edad Media al mismo tiempo que el Estado absoluto y el derecho moderno se colocan en su lugar.

La evolución hace desaparecer una estética nueva que triunfará a principios del siglo XVII con los primeros grandes edificios judiciales de la arquitectura clásica que simboliza afinadamente el Parlamento de Bretaña en Rennes. (Francia).

La representación de la justicia bajo el rostro de una mujer sosteniendo la espada y la balanza, hace su entrada, a que tiende a sustituir la imagen de Dios, plenamente en la Europa protestante, en parte, en la católica. 

No es de extrañar que, para dar la bienvenida a la diosa, la estética judicial, tome prestado entonces el templo antiguo. La estructura cuadrilateral, abierta por un pórtico a columnas adornada con un frontón, reemplaza a la forma rectangular de la casa medieval. El espacio es aerodinámico (como el mismo sistema judicial mismo) y el lugar de justicia se separa de la ciudad circundante, una plaza pública aislándola a menudo de las habitaciones contiguas.

Cierre de la planta baja, desde donde se extrae el negocio y desde donde luego evacuar la zona prisión contribuye á este encierro, el acceso a la planta superior preferida por una escalera monumental que marca la distancia ahora se sitúa entre la justicia y el mundo vulgar, entre el Estado y la sociedad civil podrían decir también.

El siglo XIX neoclásico, que ha encarcelado el derecho en los códigos y hace del juez el centinela esclavo de la ley, no hará sino acusar esta distancia: si el juez es la boca de la ley, el juicio no puede venir sino de arriba, lo que expresa la arquitectura interior de las salas de audiencia en los palacios, atiborrados, concebidos en esa época.

El siglo XX marca un cambio en el sentido arquitectónico. El surgimiento del Estado de bienestar y el desarrollo de la actuación administrativa, la explosión de los derechos individuales y la aplicación judicial sólo podía llevar una nueva mutación en la función del juez  tanto en la arquitectura judicial.

Después de un período de transición en la década del 1960, la arquitectura judicial se caracteriza por la construcción, a partir   de los años 1970, "ciudades judiciales" como existían antes ciudades administrativas, vastos conjuntos casi totalmente desprovistos de toda alegoría y, a menudo, de una fría modernidad cuando no es de un audaz futurismo.

La funcionalidad toma el paso sobre la monumentalidad; más de 50% de las superficies son destinadas a la administración en esos nuevos lugares de justicia que a menudo exceden los barrios históricos de los centros de negocios.

La evolución no es terminada, a menos que no se trate de una revolución.

El Estado- providencia ha funcionariado la justicia en el sentido de que ella ha realizado un servicio público como otro y los jueces de funcionarios (casi) como los otros.   

Asfixiada por la demanda, incapaz de hacer frente á su misión, la justicia está en causa en su crisis de legitimidad y esta crisis promueve el desarrollo de soluciones que están aún lejos de tener sólo virtudes.

La institución judicial debe responder a ese nuevo reto asegurando, ella misma, la promoción de una nueva manera de resolver los conflictos, que constituyen el equilibrio y a  amigable componedor, al menos, en tanto que posible pues todos los litigios no se dan para ello.

La instalación, en ciertos barrios, algunas ciudades, de casas de justicia, conciliación y otra mediación, traduce esa preocupación que revive, extrañamente, con la concepción medieval de la justicia urbana, justicia no violenta, justicia “bajo las cadenas”.

Los lugares de justicia se abrirían de nuevo reproduciendo, en las formas renovadas, ¿raíces locales de los antiguos jueces de paz?

¿En qué sentido esta arquitectura podrá participar? ¿Ella incluso participará en un sentido? La respuesta es incierta.

“Los edificios se construyen hoy en día en una gran dispersión de arquitectura”. ¿Y si la arquitectura judicial había perdido su especificidad en el sentido de la justicia en sí ya no es una misión entre otros del Estado, una función diferenciada? La pregunta es pesimista.

Avanzar, en lugar de la justicia y de la arquitectura de hoy vive un momento de cambio, ya que fueron capaces de conocer el pasado. La justicia busca la palabra arquitectura y con ella  está buscando el sentido de la palabra social.

El tiempo está, probablemente, más allá de "la mitificación simbólica del siglo XIX, sus referencias antiguas favoritas y la historicidad de sus operaciones”. Pero la desaparición de la religiosidad de los ritos y de la majestad de los templos,  ninguna señal puede no ser la sentencia de muerte de lo sagrado.

Aunque se admite una modernidad del presente (incluyendo el uso abundante de vidrio, incluida la transparencia y la luz que aportan son sin duda portadoras de significado), el tiempo  es el de " sacralización humanista" lugares de justicia mediante la restauración de la utilización de la madera y su reinserción en el  "movimiento urban de personas, espacios de permeabilidad, redes de comunicación, la regionalización de la intervención del juez... "son los signos de este nuevo enlace con la ciudad”.

Esta sacralización es la obra en el proyecto de Palacio de justicia de la ciudad de Nantes (Francia) imaginado por el arquitecto Jean Nouvel a partir del concepto de “arquitectura justa”:” Es a la vez la imagen de la justicia que es en causa y su funcionamiento. No puede tratarse de un lugar trivial: su función exige de la nobleza. Pero nadie debe sentirse aplastado, nadie debe sentirse presumido culpable antes de haber sido juzgado.

Entre nosotros el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva,  de estilo neo-clásico, fue diseñado por el ingeniero-arquitecto Mario Lluberes Abreu, en época de la dictadura. Muestra un gran grosor cúbico que le dispensa la sensación de solidez. Después de esa construcción, que fue un estampa en su arquitectura, se han edificado el Palacio de la Suprema Corte de la ciudad capital y el moderno palacio de justicia de Santiago de los Caballeros, como construcciones recientes de gran modernidad. 

Creemos que con los medios que puedan agenciarse, la arquitectura debe contribuir a afirmar ese principio fundamental de modernidad y progreso. 

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