Santo Domingo. Rep. Dom. - 25 de Octubre 2014
Opinión
6 Agosto 2013, 03:20 PM, 1 Comentarios
¡Ten!

Hace un poco más de dos años recibimos el segundo privilegi una hermosa criaturita a quien nombramos Gabrielle Marie. Al igual que Rafael Elías, ya todo un caballero (diez años), tiene unas ocurrencias que, además de repentinas, son para reflexionar.

Gracias a Dios, ella come todo lo que le servimos; no importa si se trata de frutas, vegetales, leche, carne, cereales, legumbres, víveres o pan: parece que está dispuesta a engullir todo alimento que se acerque lo suficiente a su boca.

Ahora bien, hay un dato que, aparte de nutritivo, llama la atención de manera poderosa y es que antes de servirse el primer bocado ella, por iniciativa propia (no recuerdo habérselo inculcado), brinda: “¡Ten!” y no suena como un ofrecimiento, sino como un imperativo.

Se plantea desde antaño que el ser humano nace con todas las tendencias posibles (hasta de pecado original se habla); sin embargo, al ver la noble espontaneidad de una niña, como el papa Inocencio III al ver a San Francisco de Asís, recordamos la bondad original.

Se le atribuye a Buda la máxima: “El deseo es la raíz de todos los males”, pero se podría practicar una homosintaxis y proclamar: “El egoísmo es la raíz de todos los males”. 

Un país marchará según la vocación de servicio de sus dirigentes, de acuerdo a la capacidad de ellos para servir y no para servirse; un matrimonio, lo mismo que la familia (en sentido más amplio) solo encontrará el balance en la medida en que cada uno negocie sus intereses: para recibir un beneficio es necesaria una inversión, es preciso ceder para ganar; una pareja que transite sin estar unificada en torno a la visión y al objetivo de estar juntos, está condenada al fracaso.

En cualquier empresa asciende y se desarrolla quien está en condición de aportar más allá de lo pactado; dicho de otra forma, quien piensa más en el crecimiento de la empresa que en su posición en ella (lo segundo será una consecuencia de lo primero).

Decía Francis Bacon: “El egoísta es capaz de encender la casa del vecino para freír un huevo”. En su universo él / ella es la única estrella, el único planeta, el único satélite y el único sol.  Por suerte, existe un antídoto y nunca es demasiado tarde: “¡Ten!”. 

edwinpaniagua@gmail.com

 

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Comentarios

Enviado el 06 de Agosto 2013  |  #80956

Alfari


Como siempre, un magnífico menú en cada uno de sus artículos. Reflexionar en torno a cuestiones que generan tanta controversia como la que se plantea en este artículo, resulta muy desagradable si se está en esa condición; sin embargo, la manera en que se ha recreado en este artículo permite el disfrute de la sustancia, sin desperdicios.¡Qué plato tan exquisito!
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