Santo Domingo. Rep. Dom. - 30 de Octubre 2014
Internacionales
22 Marzo 2013, 06:28 PM, Comentarios
El Papa recibe al Cuerpo Diplomático

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.-  El Embajador dominicano ante la Santa Sede, Víctor Grimaldi, saludó este viernes a Su Santidad Papa Francisco I, quien le dijo que el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez es "Patriarca de América". 

En orden protocolar estricto, el nuevo Papa recibía los saludos de los representantes de 180 Estados con Embajadores acreditados ante la Santa Sede. Conversaba e intercambiaba con ellos.

"Conocí yo muy joven al padre Emiliano Tardiff", le dijo al Papa el Embajador Grimaldi en los primeros saludos al Cuerpo Diplomático. El Embajador dominicano a comienzos de los Años 70 del Siglo XX escribía artículos en la Revista Católica Amigo del Hogar, dirigida por el Padre Tardiff y los Misioneros del Sagrado Corazón (MSC).

Francisco I cuando era el Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, visitó la República Dominicana y tiene amigos en el país como el Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo.

 Reseña sobre los saludos del Cuerpo Diplomático a Su Santidad

 "El Papa Francisco recibió esta mañana, en la Sala Regia del Palacio Apostólico, al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. En su alocución, tras agradecer las palabras que el Decano le dirigió en nombre de todos, el Santo Padre manifestó que este encuentro “quiere ser idealmente el abrazo del Papa al mundo”, y destacó que su numerosa presencia también es un signo de que las relaciones que sus países mantienen con la Santa Sede son beneficiosas, “son verdaderamente una ocasión de bien para la humanidad”.

La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes, son los puntos de referencia de un camino al que el Papa manifestó su deseo de invitar a participar a cada uno de los países que representan estos diplomáticos.

El Papa, al recordar los diversos motivos por los que eligió su nombre pensando en Francisco de Asís, “una personalidad que es bien conocida más allá de los confines de Italia y de Europa, y también entre quienes no profesan la fe católica” afirmó que uno de los primeros es “el amor que Francisco tenía por los pobres”. 

Y exclamó: “¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas!”. Francisco añadió que según el ejemplo del Santo de Asís, la Iglesia ha tratado siempre de cuidar, proteger en todos los rincones de la Tierra a los que sufren por la indigencia, y manifestó que en muchos de sus países pueden constatar la generosa obra de aquellos cristianos que se esfuerzan por ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a quienes no tienen hogar y a todos los marginados, y que, de este modo, trabajan para construir una sociedad más humana y más justa.

Sin embargo, el Santo Padre destacó que “hay otra pobreza”. “Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos”. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la “dictadura del relativismo”, que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres.

De este modo explicó una segunda razón de su nombre, teniendo en cuenta que Francisco de Asís nos dice que nos esforcemos por construir la paz. “Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra”.

Al recordar que uno de los títulos del Obispo de Roma es “Pontífice”, es decir, el que construye puentes, con Dios y entre los hombres, Francisco manifestó su deseo de que el diálogo entre ellos “ayude a construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no a un enemigo, no a un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo”. Tarea ésta en la que es fundamental también el papel de la religión.

Por esta razón, dijo el Papa, “no se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios”. Y “no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás”. De ahí la importancia de intensificar el diálogo entre las distintas religiones, así como intensificar la relación con los no creyentes, para que nunca prevalezcan las diferencias que separan y laceran, sino que, no obstante la diversidad, “predomine el deseo de construir lazos verdaderos de amistad entre todos los pueblos”.

eg/am

 

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