Santo Domingo. Rep. Dom. - 31 de Octubre 2014
Opinión
1 Marzo 2013, 06:23 PM, Comentarios
Universitarios de San José de las Matas
Por RAFAEL A. ESCOTTO

¡Mi hijo no es comunista! Así exclamó una madre de San José de las Matas que tenía uno de sus hijos estudiando en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En otras geografías políticas también se oyeron defensas similares. En aquel momento de la llamada Guerra Fría el líder del Movimiento de los Derechos Civiles de los Estados Unidos, el pastor de la iglesia bautista Martín Luther King, respondía públicamente en una entrevista contra una acusación de supuesto comunista que se le hacía en 1961: “que había tantos comunistas en su movimiento de libertades como esquimales en Florida”.

La segunda mitad del siglo XX estuvo matizada por la confrontación ideológica que comenzó en 1945 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989 y el golpe de Estado en la URSS (1991), que originó la lucha entre el capitalismo occidental y el bloque oriental comunista dirigido por la Unión Soviética.

“¡Mi hijo no es delincuente!” Vociferaban amargamente otras madres de los estudiantes materos quienes con grandes sacrificios económicos enviaban a sus hijos a estudiar una carrera en la entonces conflictiva UASD, en aquel odioso y sangriento período de los años 70, conocido como los Doce Años de Balaguer, etapa que tuvo como propósito fatídico el desmembramiento y aniquilamiento de los movimientos y grupos sociales por medios represivos encabezados por grupos paramilitares.

Bajo ese estado de represión y de acoso sociales de los años 1970 al 1990 y, sobre todo, teniendo que sobrellevar el tener que vivir amontonados en una “pensión” de la Zona Colonial con escasos recursos económicos y con exigua alimentación, para estos estudiantes del "interior" hacerse de una carrera en tales condiciones significaba más que una tragedia: una verdadera desgracia. A pesar de todas las vicisitudes y contrariedades encontradas por aquellos indigentes estudiantes vale la pena decir como Catón: “Amargas son las raíces del estudio, pero los frutos son dulces”.

Cuantas experiencias fuertes encontramos en el análisis introductorio de una obra que ha sido puesta en mis manos por el doctor Piero Espinal Estévez, editor de la misma, titulada “Restauración 108 Altos”, la cual tiene como subtítulo “Memorias de la Asociación de Estudiantes Universitarios de San José de las Matas” y que fue auspiciada por la Cooperativa San José. Ese afán enérgico del vigor, del espíritu y de la actividad del ánimo que desarrollaron los estudiantes materos para conseguir su objetivo profesional sin quejarse merece ser coronado con una frase de Santa Teresa de Jesús: “Hay que agotar todos los esfuerzos antes de quejarse”.

¡Y cuántas razones pudieron haber esgrimido estos sufridos estudiantes quienes para poder subsistir y graduarse de alguna profesión debieron organizarse en una asociación que muy bien pudo haberse llamado "asociación de la miseria por la dignidad estudiantil"! No obstante a ese terrible vía crucis me parece oírles parafrasear una frase de la Madre Teresa de Calcuta que no está en labios de los estudiantes de hoy: “Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control y podemos confiar plenamente en Él”.

Estos estudiantes de San José de las Matas ni fueron nunca comunistas y más lejos estuvo en alguno de ellos ser delincuente. Pero el régimen imperante en aquella época necesitaba encontrar comunistas y delincuentes en una juventud provinciana que le permitiera exhibir que estaba matando comunistas para su gloria política. Pero estos muchachos parece que escucharon al actor y director mexicano-estadounidense e intérprete de la serie de televisión “Miami Vice”, Edward James Olmos, cuando dijo que: “La educación es la vacuna contra la violencia”.

La solidaridad es un atributo que sobresale entre los materos y esta característica nunca se hizo esperar cuando se trataba de fomentar el estudio y honrar el sacrificio de la juventud. Basándose en estas dos cualidades: estudio y honra, fue que los señores Diógenes Guzmán y don Arsenio Ureña, ya fallecidos, José Ureña, Manuel Santelises, Chelo Herrera y Lucky Jáquez, entre otros, contribuyeron en los momentos más difíciles con sus aportes, haciéndole la vida a estos jóvenes en la ciudad capital menos miserables.

Son pocos los estudiantes de este tiempo que aguantan tanta crisis y martirios para estudiar y luego de obtenida una titularidad académica servirle a su patria con honor olvidando las estrecheces y las persecuciones políticas injustas que se vieron obligados a vivir.

Leyendo el texto y los distintos episodios que en él se narran uno se pregunta si nuestros estudiantes de hoy, con las comodidades existentes y las exigencias que les hacen a sus padres para poder estudiar, tendrían la entereza que tuvieron los estudiantes de San José de las Matas para estudiar y aun bajo condiciones difíciles obtener notas sobresalientes

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