Las diferencias aparentemente irreconciliables entre las recetas republicanas y demócratas para controlar la enorme deuda pública estadounidense vuelven a poner en peligro la recuperación económica del país. En un último intento de desatascar la situación, el presidente Obama se reúne este viernes a las diez de la mañana (cuatro de la tarde hora española) con los líderes de ambos partidos en el Congreso.
Después del acuerdo de último minuto que consiguió frenar el 2 de enero la subida de impuestos automática contenida en el llamado precipicio fiscal, ahora el pacto bipartidista capaz de desactivar el recorte masivo del gasto público (sequester, en inglés) parece mucho más difícil, por lo que esa reducción automática del presupuesto federal puede entrar en vigor en la medianoche de este mismo viernes.
Obama parece dispuesto a romper una de las promesas demócratas y reformar de forma limitada el Medicare, a cambio de una subida de impuestos a las grandes empresas. Sin embargo, una gran parte de los congresistas republicanos parecen dispuestos a dejar que entren en vigor los recortes automáticos, porque creen que suponen su única oportunidad de reducir los gastos federales en la cuantía que desean.
El Congreso parece apostar por un pacto bipartidista sobre ingresos y gastos para 2013 que permita aplazar de nuevo la entrada en vigor del sequester y conseguir tiempo para negociar un plan de ajuste fiscal a largo plazo.
A continuación, se resumen las claves de este nuevo punto crítico para la mayor economía mundial.
¿Por qué se produciría el recorte masivo y automático del gasto público?
Los recortes de gasto público –denominados sequester en el argot presupuestario de Washington- son la parte que queda por resolver del llamado precipicio fiscal diseñado en la Ley de Control Presupuestario de agosto de 2011 (Budget Control Act).
Esa norma puso blanco sobre negro un acuerdo temporal entre Republicanos y Demócratas, por el que -a cambio de elevar hasta 16,4 billones de dólares el techo de deuda permitido al Gobierno Federal estadounidense- ambos partidos se comprometían a negociar un marco presupuestario que garantizase el control a largo plazo del déficit y la deuda pública del país.
Para forzarse a sí mismos a lograr ese acuerdo, diseñaron esa bomba de relojería llamada precipicio fiscal, la combinación de subidas de impuestos y recortes masivos del gasto público que entraría en vigor de forma automática el 1 de enero de 2013 si no había pacto bipartidista.
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