Las mañanas ya no serán frescas ni luminosas para los lectores de los periódicos Diario Libre, Hoy y Listin Diario, entre otros. El poco bienestar que se recibía apreciando las jocosidades y las ironías de Harold Priego y sus personajes más conocidos como fueron “Diógenes y Boquechivo”, Doña Mármara y Eloy, han firmado dolorosamente el Libro de los Muertos.
Estos personajes que dieron risas y alegría al espíritu de los dominicanos debieron grabarse en el sarcófago para que acompañaran al difundo a la Duat o inframunto de la mitología egipcia para que a manera de sortilegios mágicos le ayudaran a sortear los peligros en el juicio de Osiris.
La muerte de este afamado dibujante humorístico dominicano trae a mi memoria el fallecimiento del también caricaturista argentino Roberto Fontanarrosa, autor de los personajes El Matón Boggie, El Aceitoso y El Gaucho Inodoro Pereyra y su perro Mendieta, cuyas producciones trascendieron las fronteras de Argentina. La fama de Priego me lleva sin mucho esfuerzo a comparar su arte con otro humorista gráfico oriundo de Mendoza, Argentina, Joaquín Salvador (Quino) Lavado Tejón, creador en 1964 de la tira cómica Mafalda, que se publicaba semanalmente en el periódico Primera Plana.
Harold Priego ha dejado en sus tiras de prensa un retrato divertido y fascinante de una realidad que no tiene porque serlo; ¡Qué forma tan particular de contarnos las noticias a través de Diógenes y Boquechivo, doña Mármara y Eloy, tuvo este artista vegano, genio del pincel! El caricaturista estadounidense William “Bill” Watterson, creador de la tira cómica Calvin y Hobbes, llegó a expresar algo que en Priego fue fecundo. Cit “En lo que a mi respecta, si algo es tan complicado como para que no lo puedas explicar en 10 segundos, entonces, probablemente no valga la pena saberlo”.
Es posible que la última creación del afamado artista haya sido la del viernes 25 de enero, puesto que él murió el sábado 26 de la fecha. En esa tira aparece Boquechivo lustrándole los zapatos al Patricio Juan Pablo Duarte; este hecho se presenta como si el apóstol haya estado en algún lugar montuoso y polvoriento bien alejado de lo urbano, en una de sus actividades políticas de organización de la independencia.
Boquechivo, en la tira cómica de marras, luce envanecido y orondo frente a Diógenes por aquella exclusiva o privilegiación, por lo que se trataba del bicentenario del prócer que se acicalaba para tan magna celebración en su honor. Como genial vainero Boquechivo, en este caso, irrumpe clamoroso y presumido, como era de esperar porque se trataba de un cliente con una misión terrenal y gloriosa a la vez. Veamos como le responde Boquechivo al saludo de su interlocutor habitual:“Aquí, Diógenes, dándole un “paño con pasta” a Duarte”. Si esto no es imaginación al más alto nivel de la ironía, no existe otra comicidad que se le compare.
En otras palabras, debo consignar aquí que Priego era poseedor de un intelecto refinado y punzante que llegó a comprender las complejidades de un chiste inteligente. Priego, por tanto, fue mordaz y fino como Oscar Wilde. Veamos una muestra de la acidez del literato británico “Venecia, es como navegar en una cloaca sobre un ataúd” o esta otra: “George Bernard Shaw no tiene enemigos, pero sus amigos lo detestan cordialmente”. ¡Qué le parece! ¡Cuanto talento bien empleado!
Para hacer humor hay que tener un gran sentido de la gracia para saber articular el gran chiste sarcástico al que nos tuvo acostumbrado Priego en las prestigiosas páginas de los periódicos citados en este trabajo. Esa tira cómica en la que Boquechivo aparece lustrándole los zapatos al hombre más egregio de nuestra independencia habla elocuentemente de la creatividad de este caricaturista. ¡Qué brillante fue Harold! ¡Qué muestra más soberbia de genialidad! ¡Qué efectista fueron sus personajes!
Despedir para siempre a un artista de la dimensión intelectual de Harold Priego y, sobretodo, no poder volver a tenerlo entre nosotros en este complicado universo por aquello de que no estamos dotados de la fuerza sobrehumana para causar una reencarnación, desilusiona y frustra y, además, cuestiona nuestra semejanza y nuestra capacidad con el Creador. Sin embargo, en ausencia de ese poder me reconforto en algo que no se debe olvidar y es que debemos crear una perspectiva de esperanza, ya que nuestra vida corporal es muy breve en comparación con el hecho de que somos eternos.
Personas que no escriben pero que fueron lectores patológico de las tiras cómicas de Harold Priego se me acercaron indistintamente para pedirme que en nombre de los miles y miles de seguidores de este artista del pincel y de la creación intelectual le haga llegar su condolencia colectiva a los familiares de este virtuoso que nos ha dejado enlutado y sin sonrisa. Y qué mejor forma para homenajearlo que con una hermosísima reflexión del Santo Padre Juan Pablo II:
“Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativ lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu”.
Av/am
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