La sociedad dominicana, en abrumadora mayoría de sus estamentos, recuerda y reconoce a Juan Pablo Duarte como la personalidad más espiritualmente ligada a la esencia de la sociedad dominicana.
La población siente al fundador de República Dominicana bajo un concepto que nos recoge a todos; que toca al grande y al chico, al encopetado y al modesto, al rico, acomodado y pobre, pero es obvio que al cumplirse en pocos días la segunda centuria de su nacimiento, el país no es lo que hubiésemos querido, pero tampoco es un hato manejado por ambiciosos, de amigos de medrar al amparo de la represión, el abuso político, la criminalidad y faltos todos de libertad. Ese tiempo pasó.
No pretendo afirmar que todos hacemos vida duartiana, en realidad muy pocos se inscriben en el dogma, pero en ningún momento en estos largos años, desde la Independencia, el país ha disfrutado de instituciones más sólidas y de una vida más libre como ahora.
No sufrimos ahora una tiranía y no hay indicios tan ominosos aunque hemos sido castigados por regímenes personalistas en el pasado post revolución de Abril.
El pueblo dominicano de hoy goza de absoluta libertad de expresión, tal como lo consigna nuestra Constitución. Los paradigmas que aspiramos es la justicia social que alcance a las clases sociales más humildes, pero debe observarse que los obreros tienen acumulados unos 200 mil millones de pesos que garantizan su retiro y amplían la perspectivas sociales de la nación.
Hoy no se despoja caprichosamente a nadie de lo que tiene y hay un proceso garantista en la Justicia. Si bien no somos Suiza tampoco somos Bangladesh.
Hay generaciones enteras que han asistido a la escuela pública y han podido formarse en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y, desde luego, transformar su vida y la de los suyos.
Pasaron los tiempos de los caporales, del guardia con el tolete y del irresistible calié. La prensa diariamente es el mejor testimonio de la calidad de las libertades que disfruta la sociedad dominicana, y usted puede viajar adondequiera y regresar cuando quiera sin ninguna restricción.
“Sed felices lo primero”, hemos observado -en lo posible- ese espléndido y espiritual consejo del patricio. Y a veces se lleva a tal punto que todo parece ser una sola pachanga.
Hoy le podemos decir al patricio Duarte que millón y medio de niños en las escuelas primarias públicas reciben un desayuno escolar gratuito y nutritivo.
También le podemos agregar que la salud no es lo que quisiéramos, pero que se trabaja para mejorar las atenciones a los más necesitados e incluso que existe un seguro para cubrir a los más humildes, y que si no tiene cobertura absoluta, al menos se trabaja en ese propósito.
Duarte fue el primero en reconocer que una República que se funda a partir de derrotar a una ocupación de tropa de ignorantes, tendría que recorrer largo tiempo organizando su vida y sufriendo traspiés que a veces daban la idea de que serían insuperables.
La enseñanza de Duarte encontró corazones patriotas de los valientes que resistieron las invasiones posteriores a la Independencia como fue la sagrada Guerra de la Restauración; la tiranía de Lilís, el asesinato de Ramón Cáceres, la Revolución del 1912 y la fatídica Ocupación Norteamericana de 1916-24.
Luego vino la traición de Trujillo a su protector Horacio Vásquez y la implantación de la larga y negra noche en la que se abolieron todas las libertades públicas.
No obstante, esa tiranía respetó los valores de los patricios y honró su memoria aunque ridículamente pretendiera en su momento erigirse el tirano en un acompañante digno de los patricios del 27 de Febrero.
Hemos sobrevivido a esos traspiés, es verdad, pero ahora hemos asegurado un proceso limpio de respeto al individuo y a sus libertades sin que se viva ahora bajo el estigma de una amenaza a nuestras instituciones cívicas.
Los males de hoy no son atinentes a la Patria, como fue la obra de Duarte y los creadores de nuestra nacionalidad. Lo que nos preocupa en estos tiempos son lo vicios, como la droga y la corrupción que promueve, así como la delincuencia común que se prolifera en amplios sectores de la sociedad.
En el plano económico nos preocupa la salud de la economía del Estado y la pobreza de la población que ha sido sometida a pruebas estresantes en los últimos años.
Nuestras reservas naturales, sin embargo, se han comenzado a explotar con perspectivas muy halagüeñas para el futuro inmediato del país.
Debemos ser inteligentes y negociar atinadamente la explotación de nuestros recursos naturales de manera que del vientre de nuestro suelo surjan los bienes que contribuyan a la educación, la economía, el orden el progreso en general.
Es bueno recordar a nuestros líderes políticos la ingeniosa frase de José Martí: “La patria es ara, no pedestal”.
Si partimos de estas premisas Duarte quedará reivindicado y su obra salvada. Y sonreirá satisfecho desde su trono de dignidad iluminado siempre por la luz de la esperanza.
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