La lucha direccional que terminará en división en el Partido Revolucionario Dominicano es indetenible. Surge como producto de la falta de un liderazgo único, de una sola voz suprema de mando, de un hombre que encarne y edifique el proceso.
En el PRD todos son generales, nadie tiene méritos por encima del otro. Los liderazgos de sus dos o tres principales dirigentes, tienen los mismos niveles.
Cuando un partido llega al nivel de que no hay una voz unificadora y que imponga el orden, entonces hay que negociar, o llega la división.
La expulsión de Hipólito Mejía y las anteriores sanciones a Miguel Vargas Maldonado, indican que no hay autoridad en el PRD, y que es imposible poder lograr la unidad. Nadie puede ejercer labor de mediador, porque los jóvenes y los viejos hacen colas en las tendencias.
Los viejos robles han perdido autoridad, y hoy son figuras secundarias sin mayor importancia. Los jóvenes, el liderazgo emergente, tienen como factor en contra que son menores en edad biológica, pero secos viejos robles con un pensamiento gastado y obsoleto, en el accionar diario.
La única solución a la crisis del PRD, para evitar la irremediable división, es la conversación de tú a tú, entre Miguel e Hipólito. En el plano poético-literal, sin reglas, sin mediadores, a camisa remangada, con el cuchillo en la mano derecha, amarrados con una soga por la cintura.
Allí o se descuartizan, y se dividen definitivamente, o llegan a un acuerdo. Solo ellos dos pueden fijar el nuevo derrotero del PRD; pero en las negociaciones para seguir unidos alguien tiene que apurar un trago de cicuta. Uno de los dos debe dar paso al liderazgo del otro. No puede haber dos máximos dirigentes en un partido, porque se tambalea la unidad. Solo el diálogo y ceder en un punto y ganar en otro, preserva a una organización.
La división del PRD es una realidad. Se va a quedar con el partido la tendencia que tenga más fuerzas. El problema no se va a solucionar por la vía legal, sino con el que concentre más calle y exhiba más pantalones.
El que pueda movilizar a los caballos del PRD, sin freno y al pelo, ese será la figura dominante. Poco importan los discursos elocuentes y las poses escénicas. En la política se conquista y triunfa con masas detrás y el garrote en las manos. Al día de hoy, es difícil decir quién se quedará con el PRD. Los dos generales están empate, hay que mover las fichas y está lejos el jaque mate.
Av/am
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