Santo Domingo. Rep. Dom. - 20 de Junio 2013
Opinión
1 Enero 2013, 06:02 PM, 0 Comentarios
La curiosa llegada del año nuevo
Por DOMINGO PEÑA NINA

A pesar de que los canales televisivos proyectaban desde temprano programas festivos, algunos de ellos en vivo, la realidad es que el ambiente real entre la gente parecía diferente. El sector en que vivo, que es el mismo en que residen algunos altos funcionarios del gobierno y el presidente mismo, se mantuvo tranquilo durante el día, como si se tratase de cualquier día festivo, y durante la noche la explosión de fuegos artificiales fue muy escasa y esporádica.

Aun a las 12 de la noche, contrastando con otros años, en que el estruendo de las explosiones de los fuegos artificiales era capaz de despertar a quien estuviera dormido profundamente, en esta ocasión solo se escuchó la explosión de dos o tres cohetes. Ni siquiera doce, para contrastar con la costumbre española de la ingesta de las doce uvas, una por cada campanazo del reloj de la Puerta del Sol marcando la llegada de la medianoche.

No es que se hubiera esperado un espectáculo de fuegos artificiales similar a los llevados a cabo en lugares como Nueva Zelandia, Sidney, Londres, Río de Janeiro, Nueva York y hasta en México y España, a pesar de los problemas que actualmente enfrentan estos últimos países; pero sí, al menos, los cohetes y el griterío acostumbrado a la llegada de la medianoche.

Tampoco se escuchó en mi sector la música alta de alguna fiesta familiar ni los cánticos grupales de música popular.

Mi sector se mantuvo extrañamente silencioso, de manera que la llegada del Año Nuevo fue tranquila. Ignoro si feliz.

Ya entrada la madrugada, se dejó sentir una brisa suave, agradable, y el cielo se tornó gris. Poco después, una llovizna tenue, que por momentos parecía arreciar, cayó sobre las hojas retorcidas en los árboles por la resequedad y el suelo agrietado.

Aprovechando el silencio me pregunté cuál sería la razón del cambio de actitud de la gente en ocasión de la proximidad y recibimiento del nuevo año. Se me ocurre que pudo ser una acción preventiva o quizá pesimista.

Las advertencias recibidas con el paquete económico, que incluyen el incremento de los impuestos y el precio de todo, además de los dos pesos a cada galón de gasolina para favorecer a los empresarios privados del transporte, parecen haber desanimado a las personas. Estas advertencias que permiten augurar restricciones económicas significativas para todos, se encargaron de diluir las nuevas esperanzas que siempre se cifraban en el nuevo año, ingenuamente o no. Constituyeron una barrera infranqueable a la añoranza de un año maravilloso fortalecido por la fe y la perseverancia, por la salud y el entusiasmo de seguir caminando por la vida con optimismo.

No se dejaron opciones para los augurios. La sentencia fue clara y determinante. “Habrá que apretarse los cinturones”. Lo malo es que para lograrlo, es preciso, primero, abrir nuevos orificios al cinturón, pues desde hace tiempo, la mayoría de los dominicanos comunes estamos utilizando al fijar la hebilla, el último agujero del cinturón para lograr mantener fijo nuestros pantalones a nuestra estrecha cintura sin correr el riesgo de que se nos caigan en la calle y muestren abiertamente la desnudez de nuestras miserias.

Todos estamos conscientes de las muestras de comedimiento y vida austera de nuestro actual presidente. Pero esto no es suficiente para hacer que la gente acepte con entendimiento y resignación las estrecheces a que, de manera forzosa, deberá someterse, a fin de permitir al gobierno recabar nuevos ingresos con los que ir honrando la gran cantidad de facturas pendientes de pago encontradas en el famoso “maletín del gallego”. Entretanto, los beneficiarios del dispendio siguen disfrutando abiertamente de los inagotables recursos que acumularon y en muchos casos, ni eso, porque como aun conservan sus estratosféricos salarios o sus elevadísimas pensiones, que superan con mucho al salario del presidente de la nación más poderosa del mundo, y en consecuencia solo abren sus cajas fuertes para guardar más.

Pienso que los ciudadanos comunes, deberemos hacer el esfuerzo necesario para llevar a nuestro interior un buen ánimo a pesar de todas las estrecheces y limitaciones a que estaremos obligados por las inconductas de muchos que hoy nos miran con desdén.

El entusiasmo y la paz interior constituyen nuestras mejores armas para enfrentarnos a todos los sinsabores que inevitablemente nos traeré este nuevo año.

Dado que el gobierno decidió meter las manos en los bolsillos de los que tenemos poco, ojalá, al menos, haga como algunos asaltantes piadosos, que dejan a sus víctimas con qué pagar el autobús para que no tengan que regresar a pies a sus casas y puedan luego sentarse a llorar sus desventuras.

Y para no limitarme a la lobreguez del infortunio, concluyo pidiendo a Dios que nos de la fortaleza necesaria para mantener en alto nuestros propósitos y dar cumplimiento a las buenas decisiones y promesas hechas antes de que nos dislocara todo el paquetazo fiscal; que dirija nuestros pasos por el sendero correcto, dé luz a nuestro interior y al de nuestros gobernantes, y llene la vida de los todos de bendiciones y paz.

dpenanina@gmail.com

 

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