Como siempre es posible que algunos sientan motivos para contentarse frente al año 2012, puesto que para algunos este año que ha terminado para ser parte del pasado, aportó momentos de honda satisfacción y de gran bienestar en términos de prosperidad, bienestar y beneficios personales. Los habrá también quienes en términos personales hayan logrado el gran salto económico suyo y de sus familias hasta hacer florecer sus economías y no es mentira que esto produce contentamiento.
Pero la gran mayoría no puede cantar la misma canción. Es obvio que el año a punto de terminar lo fue de profundas frustraciones para los que menos pueden en razón de que sus perspectivas empeoraron y lo más triste que no hay motivos para la esperanza porque no se avizora en el panorama la posibilidad en lo inmediato de que estas perspectivas cambien, aunque es honrado reconocer los esfuerzos del nuevo presidente Lic. Danilo y el estilo de honestidad que imprime a sus ejecutorias, haciendo grandes esfuerzos para enderezar la nave de una nación agobiada de dificultades, aquejada por múltiples dolencias fruto de los grandes errores acumulados en el tiempo y en grado sumo a la irresponsabilidad con que se ha manejado la cosa pública desde tiempos remotos.
Para saber el tamaño de nuestras calamidades y flaquezas solo hay que mirar al Sur, el cual nos refleja el estado insostenible de miserias que nos abate, miserias que cada segundo se elevan como una ola gigantesca que amenaza con arrastrarlo todo.
Basta mirar al Sur de la república donde lo único que se ha incentivado como economía es el motoconcho, la delincuencia, el caos como si no fuéramos parte de una nación, como si a nadie le importara los niveles alarmantes de desnutrición, de desempleo, la escasa inversión pública y todo el desinterés con que se manejan nuestras cosas (un aeropuerto sin operación, sin las facilidades adecuadas para apoyar el desarrollo turístico que se predica desde el tiempo inmemorial como la solución a nuestras grandes males y que sin embargo no acaba de arrancar). Nuestra región no necesita más estudios, ni seminarios; no nos hacen falta talleres, todo aquí se ha hecho y todos estamos contestes en cuáles son los pasos iniciales para conjurar nuestra crisis que va tomando semejanza con una crisis de impotencia y la pérdida de fe en nuestras posibilidades, y si a esto no le ponemos atención un día puede ser demasiado tarde.
Los sureños estamos urgidos de empoderarnos de nuestras propias necesidades, es el tiempo de unificar voluntades para que al levantar nuestros brazos no sea un pueblo sino la voz de una región que clama justicia e igualdad en la inversión publica, que grita por mayores y mejores oportunidades de crecimiento, que sabiéndose portadora de tantas facilidades con que la naturaleza nos ha premiado reclamamos que éstas sean puestas al servicio del crecimiento y desarrollo del hombre dominicano.
Los barahoneros debemos entonces levantar nuestros brazos, unir sentimientos y voluntades para poder lograr la presa de Monte Grande, la planta de tratamiento de aguas negras, el alcantarillado cloacal, el nuevo mercado municipal.
Hay que trabajar duro para que nuestro pueblo recobre su vigor y vuelva a ser la perla del sur; hay que trabajar para que nuestro cementerio municipal no sea más el sanitario de los vendedores del mercado público, porque sin los valores que representan nuestros difuntos no es posible llenarnos de utopía para alcanzar las conquistas que tanto anhelamos.
Hoy más que nunca se impone la lucha decidida para lograr las metas que por años nuestra ciudad ha levantado y que sin embargo siempre se nos han negado. En este bicentenario de Juan Pablo Duarte hagamos acopio de sus palabras para con nuestra patria chica: ¡Trabajemos por y para la patria, que es como trabajar para nosotros mismos! Y hagamos del año 2013 un año de paz y prosperidad para todos.
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