Abiertas, Transparentes, Participativas e Inclusivas

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AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.

Debemos reconocer que nuestras democracias en los últimos años han venido padeciendo una serie de falencias e imperfecciones que se manifiestan de diferentes formas y que afectan seriamente la calidad y sostenibilidad de las mismas.

Se evidencia una ruptura de los lazos de representación, así como una pérdida de la confianza e insatisfacción en las instituciones que la conforman que parece haber perdido su naturaleza y misión.

No solo preocupa ya a la ciudadanía el que los representantes políticos den cumplimiento a las normativas legales vigentes, ni que presenten “muchos y buenos resultados” desde las instituciones que dirigen, la población exige y aspira a saber, además, de qué manera se utilizan los recursos públicos (que son de todos), y de qué forma se le garantizan mecanismos de participación en la formulación y ejecución de las políticas públicas.

Las democracias modernas adoptan, cada día más, mecanismos que garanticen mayor apertura, participación y transparencia en el manejo de la cosa pública, procurando con ello la exploración de espacios formales e informales que convoquen a la sociedad a tomar parte activa en los procesos decisorios.

Mecanismos como la iniciativa popular, el referéndum, el plebiscito, el gobierno abierto, las audiencias públicas, los presupuestos participativos, primarias abiertas, entre otros, garantizan nuevos espacios de intervención ciudadana y transparencia, como mecanismos idóneos para el fortalecimiento de la democracia y la mejora de su calidad.

Una de las instituciones políticas que se ha visto más afectada por la crisis y el deterioro que se ha venido evidenciando en el sistema democrático lo constituyen los partidos políticos.  Estos, a pesar de ser considerados como instituciones de primer orden en el fortalecimiento y consolidación de la democracia, aparecen como la institución que menos confianza merece de los ciudadanos, lo cual debe generarnos mucha preocupación.

La evidente falta de credibilidad y escepticismo respecto de los partidos políticos y de la vida política en general, provoca en la sociedad una manifiesta falta de confianza y un sentido de frustración, estimulando la ausencia de participación de los ciudadanos en la selección de los candidatos que postulan los diferentes partidos

El ciudadano común llega a sentirse desconcertado e indignado ante la imposición de candidatos de parte del partido; candidatos que otros designaron por él, lo cual le quita la indispensable libertad y el interés en un proceso electoral en el que resulta inapreciable su intervención.

Tomando en consideración este último aspecto y estando muy en boga en los últimos meses en nuestro país la propuesta de Ley de Partidos en la cual uno de sus contenidos hace referencia a las “modalidades para la escogencia de las y los candidatos”, creo oportuno plantear aquí algunas reflexiones que pudieran constituirse en aportes para el debate, consciente de la gran relevancia de los partidos políticos para el sostenimiento de la democracia.

Casi siempre los partidos políticos muestran una estructura organizativa cerrada, impidiéndole el acceso en la toma de decisiones, incluso a sus simpatizantes y a los electores no partidarios, con un accionar casi exclusivo de los miembros, activistas y dirigentes, que generan las llamadas cupulas partidarias.

Ante este escenario, resulta interesante conocer de las ventajas que trae consigo la adopción de modalidades como las primarias abiertas como forma de contrarrestar esas falencias y retrancas y aportando para una mejor vigencia del sistema democrático, garantizando transparencia y participación en el accionar de los partidos políticos.

Las primarias abiertas generan en el ciudadano un mayor interés y credibilidad por la política, al sentirse involucrado desde su origen en el certamen electoral, convirtiéndose en un verdadero protagonista de un proceso que acrecienta su interés y su fervor en la medida de su participación, como modo de integración de los ciudadanos y la sociedad en los partidos políticos

Con el voto de los ciudadanos no afiliados, mediante la modalidad de primarias abiertas se genera un mecanismo concreto de participación popular en los partidos políticos que contribuye en gran medida con la adhesión ciudadana, promoviendo inclusión, a la vez que procura una real democratización de la vida partidaria, ya que garantiza que la voluntad popular se exprese no tan sólo en las elecciones generales, sino también en la nominación de los candidatos.

Las elecciones primarias abiertas coadyuvan a legitimar la mediación representativa de los partidos políticos, generando mayor transparencia, participación e inclusión.

La democracia exige transparencia, y esta a su vez, requiere de la participación de los ciudadanos para quienes solo hay un camino y es el de involucrarse, convertirse en garantes de la transparencia de los procesos y métodos de la elección de los candidatos.

Es tiempo ya de que la ciudadanía asuma un rol protagónico en los esfuerzos de consolidación y fortalecimiento de la democracia, empezando por garantizar que en las propuestas de los partidos no se filtren personas indecorosas, carentes de valores, faltas de probidad, incluso delincuentes, removiendo a fuerza de voto a los políticos que en el pasado hayan incurrido en faltas o mentiras a sus electores.

Por eso, ahora que se está conociendo en el Congreso Nacional el proyecto de Ley de Partidos, e independientemente de que esta pueda favorecer o perjudicar, coyunturalmente, a ciertos sectores políticos de la vida nacional, habrá que apostar siempre a que dicha Ley traiga consigo los elementos que garanticen a la ciudadanía “apertura, transparencia, participación e inclusión”, para el bien de nuestra democracia.

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