El mundo maravilloso de los eufemismos

imagen
EL AUTOR es profesor universitario. Reside en Santiago de los Caballeros.

«Los eufemismos pululan principalmente en los terrenos de las realidades poco agradables o poco seguras: la enfermedad, la muerte y los muertos, los demonios, el sexo, los animales temibles, etcétera». Mauro Rodríguez Estrada

2 de 2

En su sentido más amplio y profundo, ¿qué es propiamente un eufemismo?.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, un eufemismo es una «manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta o franca expresión sería dura o malsonante» Dicho vocablo procede del griego eu = bien, bonito, y femí= hablar. Se trata de  voces o expresiones que no denotan el significado tal y cual, por considerar que la realidad a la cual aluden es muy dura, desagradable o cruel; por lo tanto el significado se suaviza a través de connotaciones más aceptables  socialmente. Voces y expresiones  utilizadas para sustituir a todas aquellas  palabras (tabú) que la comunidad de hablantes   considera ofensivas, obscenas, groseras,  de mal gusto o que hieren la dignidad de la persona.

Para Mauro Rodríguez Estrada (1934/2007), autor de un diccionario de eufemismos, parte esencial de su libro  «Creatividad Lingüística» (1998:11), «El eufemismo es la metáfora que estimula, sublima, eleva, ennoblece, aunque también puede usarse para disimular, ocultar, distorsionar. Detrás de las palabras elusivas se esboza a menudo una cierta cobardía, un temor inconfesado a enfrentar y afrontar las duras realidades»

Se trata, como bien amplía el  reputado humanista, sicólogo y filólogo mexicano antes citado, de una «manifestación espontánea del siquismo que tiende a sobrevaluar las cosas que aprecia y a maquillar las que teme o detesta; y que instintivamente capta el poder de las etiquetas verbales» (p.12)

Esas «cosas» o elenco de palabras que se maquillan, detestan y etiquetan y que, por ende, los hablantes  las sustituyen por expresiones o perífrasis eufemísticas que suavicen o disfracen su contenido, generalmente se refieren  a la religión, al sexo, muerte, prostitución, marginación social o política, etc. )

Conforme a los juicios precedentes  se infiere, pues, que la función del eufemismo, como creación lingüística, consiste en disfrazar, dulcificar, enmascarar, suavizar, sublimizar,  decorar, atenuar y maquillar la realidad.

Pero no solo eso. En diversos ámbitos, tales como el político, periodístico y administrativo, el eufemismo se emplea para ocultar, manipular, confundir y distorsionar. De ahí que son muchos los líderes políticos, funcionarios, empresarios y presidentes de la República que se valen de  esa forma de expresión  para  de manera maquiavélica confundir a la masa.

«Dentro del discurso político – escribe al respecto Rodríguez Estrada – el eufemismo sirve no solo maquillar y disimular la realidad, sino también distorsionarla y crear la ilusión de una situación favorable, donde la clase en el poder cumple y maneja todo a la perfección» (ídem, p.14)

Por esta y otras razones ya expuestas, los eufemismos, entre otras finalidades,  se emplean en el uso cotidiano de la lengua:

  1. Para evadir asuntos evocadores de situaciones tristes , penosas o desagradables:

 «Invidente» (ciego ) «Interno» (preso ) «Discapacitado» ( inválido, lisiado, tullido) «Enfermo mental» (loco ) «Sobrepeso» (gordo )   «Interrupción del embarazo» ( aborto )  «Centros penitenciarios» ( cárceles ) «Residuos sólidos» (basuras ) «Sustancias prohibidas» (drogas ) «Disfunción eréctil» (impotencia) «Última morada» (tumba).

  1. Para dignificar la personalidad :

«Trabajadora sexual» ( prostituta ) «Trabajadora doméstica» ( sirvienta ) «Adulto mayor» ( anciano ) «Maestro» ( músico de cuestionable prestigio)  «Encartado» ( procesado, acusado ) «Drogodependiente» (drogadicto ) «Contento» (borracho) «Poco agraciado» (feo) «Pasadito de copas» (borracho) «Alumbrar» (parir)

  1. Para sustituir términos o expresiones que  aluden al sexo o entrañan prejuicios.

«Tercera edad» (viejo) «Acostarse con…» (Sostener relaciones sexuales) «Persona de color» ( persona negra) «Persona de edad» ( vieja) «Regla o período» (menstruación) «Pompis, trasero» ( culo, nalgas ) «Encinta, en Estado» ( preñada) «Ir al baño» ( orinar, cagar, mear) «Hacer el amor» ( sostener relaciones sexuales) «Dar a luz» (parir )  «Naturaleza» ( ´pene ) «Su parte» ( su órgano sexual) «Casa de citas» (prostíbulo) «Dar del cuerpo» ( defecar, cagar)

  • Otras expresiones eufemísticas:

«País en vías de desarrollo» (país pobre) «Mercado paralelo» (mercado negro), «Revisión de los precios» (aumento de precios) «Reducción de personal» (despido masivo de personal) «Incidente» (pleito) «Aguas negras» (aguas con mierda y orines) «Ajuste de precios» (aumento de precios) «Delicado» (muy enfermo) «Cometer irregularidades» (robar)

Algunos eufemismos se nos presentan envueltos en el manto de los diminutivos: «Te invito a tomarnos unos traguitos…» «Mi padre está delicadito de salud» «Mi madre solo tiene un dolorcito…» «Le compraré una ropita a mi niña»

El deseo de atenuar, suavizar o restarle  sello negativo a la realidad  ha generado la deshumanizada práctica de llamarle «clientes» a los pacientes.

  • Eufemismo y disfemismo.

Finalmente, conviene diferenciar o no confundir el eufemismo y el disfemismo.  El segundo es lo contrario del primero.  Tanto uno como el otro se sitúa en el ámbito de la connotación; pero mientras el eufemismo supone un procedimiento de sustitución de la expresión desagradable e inoportuna, por  la agradable y  decorosa,  el disfemismo, por el contrario, consiste en utilizar expresiones peyorativas para degradar o desvirtuar  de manera irónica y sarcástica a personas, cosas, hechos, etcétera. Mientras el eufemismo eleva, el disfemismo rebaja.  Es lo que sucede, esto último,  cuando hablamos de: «Vestir santos» (permanecer soltera o nunca casarse) « Colgar los tenis» (morir) «Trapos» ( ropa vieja o de mala calidad» o cuando llamamos  «Cosa» a una persona.

Comparte:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.